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  • Nerea Ballester G

Sentir la muerte cerca.

Sentir la muerte cerca. Eso que tanto nos asusta. Eso que nos genera psicosis.


El coronavirus nos pone alerta no solo a nivel estatal, sino a nivel personal. Lo que más nos ronda y más me preguntan es: “¿Nerea, vamos a morir?”. Yo siempre respondo lo mismo: Sí, pero no a nivel físico, sino a nivel metafórico. Todo esto, sin duda, va a hacer que mueran creencias, actitudes y conductas en nosotros mismos. El coronavirus (Covid-19) sin duda es una oportunidad de oro para conocernos de verdad, para ahondar en nuestra conciencia, en nuestro ser, en nuestras entrañas y descubrir quién y qué somos en realidad. Pero no desde el ego, sino desde un ejercicio de altruismo, generosidad y sobre todo autocrítica.


Todo esto está ocurriendo para que miremos a la persona de al lado y sepamos quién es y al mirar, irremediablemente mirarte tú y saber si eso que ves, encaja contigo, te llena, te hace feliz, te hace mejor persona. Es un ejercicio doble: El universo (a través de la mano humana) te obliga a pararte para que te conozcas mejor, para que cambies, para que ya sin excusas, mires dentro de tí y conozcas al ser humano que hay en tí; te guste o no. Esta es la única manera que tenemos de cambiar. Cambiar uno mismo implica sin duda, un cambio en el mundo, un cambio generacional que hace que todo empiece a tener sentido.


Esto es duro, no tenemos que negarlo ni hacer como si nada pasara. Eso es un error. Si negamos la evidencia, negamos el avance, negamos la retrospección y, por tanto, la evolución. Si os sirve de algo, yo llevo desde el día 1 de febrero sin salir de casa (44 días de confinamiento), limitada, dependiente y sin poder andar debido a un accidente, con lo que eso conlleva. Toda mi vida ha cambiado 360º y ha dado un giro tan radical para mí qué sin duda, está significando un antes y un después.


Estas cosas necesitan tiempo de adaptación, ya que todo cambio necesita un proceso de aceptación que no lo consigues llevar bien a la ligera. Tranquilidad, somos humanos, es normal. Ni el mejor psicólogo de la historia lo hace y si te dice lo contrario, te miente. Cuando algo cambia en tu vida, es una especie de muerte simbólica, y como tal, necesita su proceso de duelo. ¿Lo mejor? Poder hacerlo. Permitirte ese proceso y vivirlo en todo su esplendor para poder sanarlo. Por tanto, no te castigues, ni te agobies si te cuesta llevar el confinamiento con buena cara y actitud, es normal. Pero te invito eso sí, a que salgas de tu ombligo y veas lo que la oportunidad que esto trae. Y tú me dirás, ¿qué oportunidad es esta Nerea? Pues la de conocerte y conocer a los que están a tu lado si tienes la suerte de tenerlas a tu vera.


Yo quiero apelar a eso. Cada vez que hablamos de muerte, hay que hablar de vida, pues una sin la otra, no tienen sentido. Como es arriba es abajo. La luz necesita la oscuridad. La noche el día. Por ello apelo a lo importante: LA VIDA. Ahora se pone a prueba a las personas que te rodean sin tener contacto físico con ellos. Ahora se demuestra si la persona que está a tu lado sabe amarte sin poder demostrártelo con un gesto. Si sabe calmarte, estar ahí para ti dándote la mano sin darla, si sabe hacer el amor contigo sólo con mirarte, si sabe entretenerte la mente cuando las horas pasen. Sí, sin duda es un tiempo duro para aquellas parejas que realmente no se aman, que conviven porque nos les queda otra pero que realmente desean a otra persona, o están quemadas de esa relación. O para aquellos hijos que no aguanten a sus padres. Pero, repito. ¡Sí! ¡Sí! Es la oportunidad de salir de esa jaula que no te da felicidad, que no te llena, de dejar de mentirte y descubrir que te mereces algo más y mejor. Pues la vida es UNA. Hay que vivirla. Porque cuando menos te lo esperas, viene algo que te la arrebata y te quedas sin nada. Porque la vida es caprichosa y sin darte cuenta, te arranca lo que más quieres. Muchas veces es uno mismo el que pierde las personas que quiere, quizás por una mala elección, por ego, o por no saber cómo recular a tiempo. Pero cuando es un imprevisto de la vida que no tiene nada que ver contigo mismo… ¡ojo!, porque ahí no puedes hacer nada. Y cuando eso ocurre, te das cuenta del verdadero valor que tiene la vida, de lo que realmente importa: La salud y el amor. La salud física, mental y emocional. Y el amor de los tuyos y el tuyo propio. Todo lo demás, puede esperar. Puede pararse.


Yo llevo desde el 1 de febrero como os he dicho confinada y sinceramente, he descubierto (y lo que aún me queda) tantísimas cosas de mí y de los que me rodean, que ha sido el mayor regalo que me ha podido dar la vida. ¿Qué no puedo andar durante 5 o 6 meses? sí, ¿qué es una putada? ¡claro!, pero era necesario. Necesitaba pararme y dedicarme tiempo a mí, necesitaba ver la vida desde otro punto de vista que no fuera sólo el mío, necesitaba entender qué requerían los demás de mí, qué necesitaba yo de mí misma, quien aguantaría conmigo la prueba y quién quedaría al final del camino para así, poder dar valor a quien realmente lo merece en mi vida. Es un proceso duro y a veces doloroso. Es normal. Son procesos que hay que vivir y superarlos. Pero creedme, no tiene precio.


No sé que nos deparará este virus, o los que estén por venir. Tampoco sé si perderé a más gente o no. Pero lo que está claro es que lo que me quede, tengo que luchar para que sea válida mi estancia en esta tierra y poder compartirla con quien me quiere de verdad. Así que no olvidéis que esta oportunidad ha venido a sorprendernos y ha sacar (y descubrir) lo mejor de nosotros. Por ello te invito a que compartas tardes de risa con los tuyos, también de llantos. Ya sea físicamente o a través de las redes pero pregúntales, atrévete a conocerles y a conocerte (a dejarte conocer), juega a esos juegos de mesa que teníais enterrado en un cajón, habla con la persona que amas y demuéstrale que realmente te importa y estás, comparte tareas del hogar con tus padres, ayúdales, vuelve a buscar la creatividad en ti, baila, canta…pásatelo bien ahora que puedes. Vive la vida. No olvides, que todo pasa por y para algo. Esto es necesario para que cuando todo pase, hayas aprendido la lección y no vuelvas a sentirte en esta tesitura. Sé responsable, quédate en casa y piensa en los demás. Así es como puedes ayudar.


Vive.


Nerea B. Goytia

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