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Perderse - Encontrarse = Catarsis.

“Solo escribo cuando tengo una crísis”, eso es lo que le digo a la gente que me conoce, y es cierto. Desde 2020 no me he vuelto a sentar frente a mi ordenador a empezar y terminar un blog. He tenido algún que otro intento, pero como nunca era nada grave ni lo suficientemente profundo en mí como para hacerme parar, pues escribía 2 frases y lo borraba. Pero hoy, tres años después, estoy aquí, enfrentándome a una de las cosas que más me libera, me conecta, me hace encontrarme y me sana: Escribir. Soltar y compartir todo lo que llevo dentro es para mí, una de mis mejores terapias. Y aquí voy, esperando que os sirva, que os llegue y os sintáis en algún momento identificados para poder liberaros al leerlo y perdonaros.


Esto que escribo es para mí, pero también es para ti. Voy a hablarte de perderte; De esa sensación de estar mal, hundido, sin saber donde leches ir ni a dónde o a quien acudir y, por tanto, agarrarte a la primera piedra que aparece por tu vida. Algunos lo sabéis, otros no, pero mi madre ha fallecido hace 25 días. Para los que no lo sabéis, mi relación con ella era muy estrecha. Mi madre era mi Pilar, como su nombre lo decía. Era todo pues, no tenía nada más además de mis hermanos. Era mi padre, mi abuela, mi amiga, mi consejera, mi psicóloga, mi maestra, mi consuelo y también, por supuesto, mi criptonita.


Todo fue muy rápido. De repente. En dos semanas. De un día para otro. Y yo, al igual que ella y mis hermanos, no lo esperábamos. Estábamos en shock y de hecho, seguimos estándolo. Me decían varios amigos: "Nerea, a medida que pasen los días, la irás echando más y más de menos, esto acaba de empezar". Y era cierto. No voy a pararme mucho en este tema pues, es algo que reservo para mí y los míos, pero si voy a pararme en argumentar en lo que se siente: Vacío. Desconcierto. Perder el rumbo, el norte. Toda tu vida se tambalea y caes en un laberinto en movimiento que solo te genera confusión, caos y sensación de inestabilidad.


Esto os habrá podido pasar con alguna relación de pareja, con alguna muerte cercana, con cambios bruscos en vuestra vida por elección (hacer terapia consciente), etc…La cuestión es que, en esa sensación, salió a la luz la niña vulnerable, débil y pequeñita que hay en mí, al igual que la hay en ti. Vamos por la vida yendo de adultos, queriendo controlar todo, queriendo aparentar algo que a veces incluso detestamos, que nos sobrepasa, que no es coherente…pero sí, lo hacemos como medida de protección. Y, ¿qué pasa? Que cuando ese niño sale, hacemos muuuuuuchas idioteces, pues ese niño, solo va buscando amor. Como dice Julia Roberts en Notting Hill “No olvides que soy una chica delante de un chico, pidiendo que la quiera". Ese amor perdido es el que vas buscando. Puede ser el amor de una madre, una pareja, un hijo… seguro que entiendes lo que te quiero decir, porque al final, todos (o casi, conozco gente que no) buscamos que nos amen, ¿no? y más en un momento así.


Y cuando eso ocurre, sale ese corazón más inocente y más frágil a la superficie. Vamos llorando sin llorar en busca de un abrazo, de unas palabras de consuelo y de poder evitar ese dolor, esa pérdida. ¿Cómo lo solemos hacer? Pues hay muchas formas, unos se desmelenan, otros se drogan, otros se van a la India, y otros (la mayoría) saltando a los brazos de otra persona para reemplazar ese vacío y que, suele salir mal. Porque volcamos todo ahí y entonces es cuando ocurre…NOS PERDEMOS de nuestro foco. Y ahí, ahí está la hostia…porque no notamos que hay personas que pisotean nuestra paz mental de lo mal que estamos, y les damos un poder que no debemos dar.


Nos perdemos porque no estamos bien. Porque aunque nadie lo sepa, lloramos a diario. Nos cuestionamos a diario. Nos torturamos a diario. La pena nos inunda, el desconcierto, el desasosiego y … el no sentirse entendido por nadie. Te preguntas mil veces por que, para que. Y ninguna respuesta, SILENCIO.


Qué puñetera mierda, ¿no? Pues sí. Es duro, pero ¿sabéis qué? Es necesario. Yo me he perdido, y no es un delito. Es normal. Es necesario y es entendible. Y por ello te lo quiero decir a ti también. No pasa nada. A veces necesitamos perdernos para encontrarnos y renovar nuestra vibra, nuestra energía, y nuestra esencia. Esa de la que yo hablo mil veces y de la que siempre defiendo diciendo que NADIE puede ni debe quitártela. Pero es justo y debes permitirte sentirte de bajona e incluso sentir esa soledad en tu casa, enfrentarte al silencio, pues ese silencio te ayuda a escucharte a ti, a no tener ruidos externos de gente que te influencia o manipula, que te juzga y te dice lo que ser o decir o sentir.


Es cuestión de que te des tiempo y seas tremendamente amoroso contigo mismo, ya que es la mejor manera para reconfortarte. Yo estoy jodida, no lo voy a negar (y eso que no he contado ni la mitad de lo que me ha pasado entre historias amorosas y enfermedades en lo que llevo de mes, todo juntito) pero también sé que saldré, como siempre. Porque yo siempre salgo. Porque mi fuerza interior es más grande que todo esto. Porque mi amor interior es más potente que todo el miedo que me pueda inundar. Y porque, aunque mil veces me pierda o caiga, mil veces vuelvo a beber de la misma fuente: la mía. Yo sé quién soy. Lo que doy. Lo que seré. (REPITE PARA TI MISMO ESTE PARRAFO, te lo regalo, como mantra).



Una vez me dijo un jefe que tuve: “Nerea, no hay dedo que pueda tapar jamás el sol”. Y es verdad. Al final los rayos se cuelan por mucho que intentes tapar al sol y yo amigos míos, soy Leo (El sol). Y aunque una cabra montesa vive en mí (Capricornio de ascendente) y me puedo ir al monte a esconderme “mientras me curo del corazón” como dice Karol G, yo al final, soy el sol.


Tiempo para curarnos mi gente, tiempo para perdonarnos, para sanar nuestros errores y no repetirlos, para recargar energía, para encontrarnos con nosotros mismos. Solo hay que saber rodearse de la compañía correcta, de esa que en tus momentos de tempestad, te deja su mitad de chubasquero y te da un abrazo para quitarte el frío. De esa que deja a un lado su vida estresante y rutinaria para poner el foco en ti un ratito y oírte llorar o simplemente hablar. Esa gente que, hace el esfuerzo de verte viniendo desde Sevilla aunque sea “para 10 minutos” como dice mi Joselito, esa "maléfica" que viene desde “Cai” para darte un abrazo que te cura y se va. O ese otro que viene desde Murcia para estar a tu lado al leer en el funeral de tu madre para apoyarte moralmente por si las lágrimas no me dejaban hacerlo. O esa otra escorpiana que te escribe a diario y te manda audios diciéndote “tu eres mi faro, te quiero mierda joe”, y que te habla con dulzura, ternura y cariño. Y TODA ESA QUE, como mi rubiales, me sirve a mí de faro cuando estoy tan jodidamente mal (perdona Félix por hablar tan mal). De esos que puedes llegar a agotar contándole una y otra vez tus mierdas pero siempre están ahí, a cualquier hora, cualquier día, y te dan calma, te dan paz, te dan serenidad. Esas que apenas existen. Y como no, de tus familiares, de esos con los que puedes sincerarte y te escuchan pacientemente y te aman.


He perdido a mi madre, cierto. Pero ahora estoy encontrándome yo, y encontrando a gente bonita que, aún viendo mi momento de debilidad, no lo usa, sino que lo protege, me quiere, me ama, me abraza, me consuela y está ahí para mí.


Me decía mi amigo Lecum que, "tu siempre has estado para todo el mundo y ahora nos toca a nosotros estar para tí". (Lo que se siembra se recoge, ¿no mi capitán?)


Pues me siento bendecida, porque aún en estos momentos de tinieblas en los que a veces no veo nada y elijo mal, y me doy de hostias o me entristezco, tengo gente que está ahí para mí de verdad. Y os lo quiero agradecer a todos. A los que estáis a la altura y los que no. A los que me habéis dado amor y estáis cuidando mi delicado corazón con mucha empatía, con compasión y tacto y a los que os lo habéis cargado (lo poco que me quedaba), pues he aprendido mucho de vosotros y de cuanto debo cuidarme otra vez, cuanto de necesario era perderme en vuestros desprecios y decepciones para volver a darme cuenta de que ahí no era, era aquí: EN MÍ.


Así que, por favor, si estás pasando un momento difícil, se bondadoso contigo mismo. Date tiempo. Dale un descanso a tu exigencia. Ya volverás más recargado. Pero deja de hacer el tonto. Ya lo has hecho bastante. Ya has perdido tiempo bastante agarrándote a clavos ardiendo, llevando una vida incongruente, vacía, poniendo el foco fuera de ti.


“Cabeza alta” me dice mi alter ego, pues, aún estando rota y vacía Nerea, sigues dando amor.


A veces, los que tenemos este don (lo siento, todos no lo tenéis) de pulir de maravilla las piedras en bruto que se van encontrando por ahí, no nos damos cuenta que en nosotros está el diamante que tenemos que pulir, porque como dice mi querida Taylor Swift, “te echo de menos a ti, pero echo de menos brillar yo”. Porque los que somos diamantes, tenemos que pulirnos, cuidarnos y no dejar de brillar.


Gracias sí has llegado hasta aquí. Porque este texto era para mí y me he sanado a través de tu lectura. Y que sepas que no estás solo, te sigo mandando amor, pues incluso en mi vacío, hay un amor tan grande dentro de mí que siempre se puede seguir dando amor allí donde saben apreciarlo. Y si lo necesitas, aquí te mando un poquito.


Cabeza alta. El universo ve, mira, observa y RECOMPENSA. Todo irá bien. No te machaques más.


P.D: Que hartón de llorar me he dado escribiendo esto, pero qué bonito es limpiar y sanar. Qué bonito es ser transparente, no controlar la emoción, no cohibirse en expresar sentimientos. Qué bonito es ser valiente, amar anchando el alma y ser libre para hacerlo.




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